—No te entiendo, de verdad que no lo hago, me dices que te deje en paz, que este matrimonio es como una cárcel para ti y te doy tu espacio porque quiero que te sientas mejor pero tú… —Se peinó el cabello buscado las palabras en su cabeza, unas que no hicieran que esto se complicaran más—. Sigues comportándote así. —La señaló.
—¿Cómo quieres que este cuando permites que cualquiera se quede a vivir en nuestra casa? Sin consultarme, estamos casados, joder. —Farit se mofó irónico. De verdad que no