Parada en la cima de la escalera, Casius me observa desde abajo con sorpresa y tristeza. No dice nada, pero su expresión dice demasiado. Hasta a mí se me rompe el corazón al decirle esto y ver su cara.
—¿Puedes darme un momento a solas?— Consigo decir a penas, suprimiendo la tristeza en mi pecho.
—Has lo que quieras… ya no me importa— Musita desilusionado con los hombros caídos y el semblante abatido.
Luego de responderme, me dio la espalda y se fue sin mirar hacia atrás. No sé a dónde se dirig