Cuando su tío la soltó, salió corriendo lejos de esa habitación. No miró atrás. No podía. Su corazón latía desbocado en su pecho, mientras las lágrimas caían sin control.
Su mente estaba llena de visiones de un futuro que detestaba, de la idea de acabar tan marchita como su madre.
—¡Kiara, espera! —escuchó la voz de su tío en el pasillo y apresuró el paso; sin embargo, el hombre la alcanzó en un segundo. Sus manos enterrándose sobre su piel como tentáculos.
—Ya escuchaste a tu madre, te d