Se detuvo en seco sintiendo terror de la mujer que le devolvía la mirada. Los ojos de su madre la miraban como si fuera su peor enemigo, un enemigo que llevaba demasiado tiempo esperando ver para cobrar venganza.
No supo qué decir. Ciertamente, no había palabras que pudieran describir su sentir en ese momento. Mucho menos el motivo por el cual estaba allí parada, a sabiendas de que todo esto era un error. Que verla solo la lastimaría más de lo que ya lo había hecho.
—¿Ya no te llamas Kiara? ¿