De nuevo esa noche hubo un susurro en su ventana. Esta vez no la había dejado abierta, así que los golpes contra el cristal fueron lo que la despertaron.
Se enderezó en la cama y entonces vio la silueta.
Marcos.
Lo supo al segundo y corrió a abrirle antes de que el guardia nocturno lo descubriera.
—¿Qué haces aquí? —siseó cuando entró. Se suponía que habían hablado sobre darle espacio y todo eso. ¿Tan rápido lo había olvidado?
—¿No es obvio? Vengo a estar contigo —dijo con simpleza.
—No, n