Salgo del recinto casi sin sentir el suelo bajo mis pies. Ni siquiera el aire frío de la noche logra despejarme la mente. Nada lo hace.
«Me he equivocado… Todo está mal. Demasiado mal y es solo mi culpa».
La camioneta sigue donde la dejé. Abro la puerta para subirme de inmediato. Ella levanta la mirada en cuanto me ve.
No necesito decir nada, Harriet entiende lo que sucede y aun así, lo pregunta, supongo que para corroborar todo.
—¿Lo encontraste?
Niego. Lo hago una sola vez, porque eso es