Mi respiración se acelera un poco más, por el tono que usa Maximilian con su hermano. Estoy rígida, literalmente pegada al borde de la mesa, con sus manos, sujetándome la cadera cada vez con más fuerza.
Levanto la mirada para verlo y trago grueso, porque sus facciones están endurecidas, porque su mirada es filosa. Es todo lo contrario al hombre que hace unos segundos me estaba besando.
Giro al fin el cuello a mi derecha y me armo de valor para verlo. James está ahí, en la estrada del comedor, ci