Sonrió y asintió con timidez cuando él se acercó para tomarla por el brazo, para conducirla afuera. Tal como había dicho, el restaurante era pequeño y no había más nadie. El ambiente era majestuoso, aunque sobrio.
La música suave y la iluminación incitaban a la conversación. Él retiró la silla para que ella se sentara y ella suspiró. Un detalle encantador de un hombre que era un caballero. A ella, autosuficiente como era, le gustaban esos pequeños gestos, que no adjudicaba a machismo y si galan