Por la mañana, Milenka lamentó haber llorado toda la noche. Tenía los ojos hinchados y no tenía nada con qué disimularlo: ni gafas, ni maquillaje. Optó por dejarse el pelo suelto para cubrir un poco su rostro. Al verse al espejo, se dio cuenta de que no le serviría de mucho, pero era su única opción.
Tenía tiempo suficiente para llegar a la escuela, así que se apresuró a tomar sus cosas y dio sus rezos habituales de la mañana. «Hoy será un gran día», se animó a sí misma, y salió de la habitació