El viaje a casa se sintió como un sueño. Después del fuego y la sangre de aquel club, el silencio de la mansión resultaba pesado. El día siguiente pasó como un fantasma. No lo vi. No escuché su voz. Me quedé en aquella habitación enorme, sintiendo la mirada fantasmal de sus ojos sobre mi piel. Me sentía como un pájaro esperando el silbido de su dueño.
Entonces, llamaron a la puerta.
Una de las criadas estaba allí, con el rostro tan inexpresivo como una hoja de papel en blanco. —Lord Xercer q