—¡Eres un hijo de put@! —le gritó—. ¡Deja de actuar como si fueras el dueño de Maya!
—¡Qué bueno que lo mencionas! De hecho, soy el dueño de Maya, si quieres te enseño el tatuaje que me hice en una nalga donde dice mi nombre y el número de registro de propiedad —señaló Lucio con sarcasmo—. ¿Que no