Vlad se puso pálido y sus pupilas se dilataron, pero el terror que lo embargó era tan grande que no consiguió articular ni una sola palabra.
—Ahora por fin terminó —dijo Lucio pasando un brazo sobre los hombros de la muchacha y Maya miró la mano que se había lastimado golpeando a Vlad. Se abrazó a