El ruido de los aparatos que indicaban el estado de la joven Ballesteros, el olor antiséptico, y a la bella rubia acostada en esa cama blanca, Drago se acercó a ella a paso lento
— ¿Cómo estás, preciosa? ¿por qué no me dijiste que estabas embarazada? ahora entiendo el por qué cuando saliste de aquí antes, tenías los ojos tan rojos, te dieron la noticia y lloraste, ¿cierto? pero yo, estoy tan feliz de saber que estás esperando un hijo mío
Fué en ese momento que Aithana, al escuchar la vo