131. Nieve
Dicen que la paciencia premia… y estaba segura de que era cierto. Habían pasado cuatro días observando cada detalle de la mansión. Horarios. Cámaras. Guardias. Puntos ciegos. Durante cuatro días fui la mujer perfecta. Obediente y invisible.
Los siguientes días me la pasé comiendo, hablando lo mínimo y escuchando a Xavier hablar de lo grandiosa que sería nuestra vida. Trabajaba de manera extraña, como si quisiera lavarme el cerebro… y yo solo le hice creer que estaba ganando…
¿Por qué?
Porque,