Nunca te Olvidaré
Nunca te Olvidaré
Por: GINNA R.
1. Lo prometiste

POV KURT SPENCER

​La libertad no sabe a gloria. Sabe a hierro, a asfalto caliente y a una sed de venganza que cuatro años de muros de hormigón no lograron aplacar.

​Cuando los portones de la Penitenciaría de Blackwood crujieron al cerrarse tras de mí, no me detuve a respirar el aire puro. Para mí, el aire de afuera estaba tan contaminado como el de mi celda, infectado por la gran mentira que me había devorado y arrancando cada uno de mis sueños y la felicidad que pensé tener.

Me quedé de pie en la acera, sintiendo el peso de mis propios huesos. Soy un hombre de veintiocho años, pero hoy siento que he vivido un siglo de guerras, en la podredumbre de una justicia que a mi me dio la espalda y me hundió sin compasión.

​Apreté los dientes, un hábito que se volvió mi único consuelo en la oscuridad. El uniforme gris de recluso había quedado atrás, reemplazado por unos vaqueros desgastados y una camiseta negra que se ajustaba a mis hombros con una tensión violenta. Las canteras y las peleas por sobrevivir en las duchas habían esculpido mi cuerpo; ya no soy el chico impulsivo que solía ser. Ahora soy una masa de músculo fibroso y cicatrices, un arma de guerra que se negó a romperse.

​No tengo nada. Ni una maleta, ni una dirección a la cual llamar hogar, ni un solo billete en el bolsillo que no fuera la limosna que el estado me entregó al salir. Mi padre murió antes de mi segundo año de condena, y mis supuestos amigos se dispersaron como ratas, se olvidaron de la lealtad y la fraternidad qué me juraban cuando el fiscal Peter Grayson me hundió.

​Pero tengo algo más valioso que el dinero: tengo un objetivo. Un nombre que grabé con un clavo oxidado en la pared de mi celda hasta que mis dedos sangraron.

​Leah.

​Caminé hacia la parada de autobús con un paso pesado, dominante. La gente se apartaba a mi paso por puro instinto animal. Sabían, con solo mirarme a los ojos, que no deberían cruzarse en mi camino. Mi mirada azul glaciar ya no guardaba piedad, ni compasión de nadie. Me lo habían arrebatado todo, me habían desechado como si mi existencia nunca valió lo suficiente.

​Seis horas después

​La ciudad de Oakhaven luce asquerosamente perfecta. Las luces de neón y los escaparates de lujo reflejan una opulencia que yo había olvidado. Me siento como un espectro caminando entre los vivos, una sombra que nadie quiere ver.

​Me detuve frente a la imponente verja de hierro de la residencia Neville. Esa mansión neoclásica se alzaba sobre la colina como un trofeo de guerra, gritando a todo el que pasara por allí que era basura ante la pomposidad de su apellido. Me oculté en la penumbra de los robles, sintiendo cómo mi pecho subía y bajaba con una respiración pesada, contenida.

​Entonces, las puertas de cristal del balcón principal se abrieron.

​Mi corazón, ese órgano que creí convertido en piedra, dio un vuelco que me dolió en el alma. Leah salió al aire de la noche. Se veía etérea, casi irreal. Llevaba un vestido de seda color esmeralda que fluía sobre sus curvas como agua. Su cabello... ese cabello que solía enredar en mis puños durante nuestras noches más salvajes, caía en ondas perfectas sobre sus hombros.

​Pero no estaba sola.

​Peter Grayson apareció tras ella. El hombre que me robó la libertad, el fiscal que manipuló las pruebas, rodeó la cintura de Leah con una posesividad que me hizo ver rojo. Se inclinó para besarle la sien, y entonces sucedió lo que terminó de romperme: Leah se giró y le dedicó una sonrisa.

​Era una sonrisa dulce. Una sonrisa de paz. La sonrisa de una mujer que amaba al hombre que la sostenía.

​Cerré los puños con tanta fuerza que mis uñas se clavaron en mis palmas. Sentí el calor de la sangre brotando de mis viejas cicatrices. ¿Cómo podía sonreírle a él? ¿Cómo podía mirar con esos ojos llenos de luz al hombre que me enterró en vida? El dolor disparó un recuerdo que guardé como un talismán maldito durante 1,460 noches de soledad.

​Flashback

​Hacía calor en mi viejo apartamento. Un calor que pegaba nuestros cuerpos en la penumbra. Yo la tenía inmovilizada contra la pared, sujetando sus muñecas por encima de su cabeza. Mi respiración era errática, mi necesidad de ella era una enfermedad. Siempre fui dominante, exigente, reclamando su alma con una intensidad que a cualquier otra mujer habría asustado, pero a ella... a ella la hacía arder.

​—Kurt... —había gemido ella, su voz rompiéndose mientras yo hundía el rostro en su cuello para marcar su piel con mis labios—. No importa lo que pase. No importa lo que el mundo diga de nosotros…

​Ella se soltó de mi agarre solo para rodear mi cuello con fuerza, obligándome a mirarla. Sus pupilas estaban dilatadas, llenas de una devoción que rozaba la locura.

​—No importa qué suceda, Kurt Spencer... yo nunca te olvidaré.

​Fin del Flashback

​El presente me golpeó con la fuerza de un puñetazo. En el balcón, Leah apoyó su cabeza en el hombro de Peter Grayson. No había ni rastro de dolor en ella. No quedaba nada de la mujer que prometió amarme por encima de todo, que juró jamás olvidarme. Ahora estaba allí en brazos de otro siendo feliz.

​—Me mentiste —susurré en la oscuridad, y mi voz sonó como un rugido bajo, cargado de una perversidad nueva—. Dijiste que nunca me olvidarías, Leah. Juraste que tu cuerpo y tu alma eran míos.

​Observé cómo Peter la conducía de regreso al interior, dejándome en la más absoluta penumbra. Una sonrisa ladeada, fría y peligrosa, apareció en mis labios.

​Yo sabía lo que venía ahora. Había pasado cuatro años planeando cada segundo de esta noche. Si ella decidió borrarme de su vida , yo me encargaría de grabar mi nombre de nuevo en su piel, con caricias que quemen y una pasión que le recuerde a quién le pertenece realmente.

​—Lo juraste, Leah —dije, ajustándome los guantes de cuero negro. Mi mirada se volvió de hielo—. Y yo estoy aquí para recordarte que las promesas se cumplen. Aunque tenga que quemar tu mundo perfecto para que recuerdes el mío.

Me aleje de la verja, pero con la firme convicción de ellos tampoco serían felices.

—Me arrebataron mi mundo y tú lo permitiste, de hecho estás con el responsable de eso. Voy a recuperar lo que me quitaron y tu Leah serás lo primero, no importa como pero serás mía, justo como prometiste.

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