7. Solo yo
POV LEAH
El amanecer se filtró por las rendijas de las cortinas pesadas con una crueldad silenciosa. No pegué el ojo en toda la noche. Me mantuve ovillada en un rincón de la cama matrimonial, con los oídos atentos a cualquier crujido de la madera, a cualquier paso que indicara que él —mi captor, el hombre de los ojos de hielo— entraría para cobrar la cuenta que decía que le debía.
Lo extraño, lo que me aterraba más que el secuestro mismo, era la traición de mis propios instintos. Una parte de