Una madre siempre está dispuesta a sacrificarse por su hijo, y Emma no era la excepción, con lágrimas en los ojos abandonó la casa de Blackthorne, el único lugar que le brindaba paz y seguridad, donde sabía que su protección estaba asegurada, sin embargo su hijo no estaba seguro.
Por alguna razón esta vez se sentía diferente al marcharse, sin culpa, corrió tan rápido como pudo hasta abordar un taxi que pasaba por allí. Con premura le dijo la dirección a donde debía llevarla, le estaba costando