Capítulo 2235
Dicho eso, la señorita Renata se dispuso a marcharse con sus guardaespaldas.

Pero Ricardo permaneció en su sitio, sin intención alguna de irse.

La señorita Renata arrugó la frente; en sus ojos apareció al instante un destello de celos.

De pronto, volvió a mirar con dureza a la señorita Alma, y enseguida se aferró al brazo de Ricardo con un gesto coqueto.

—Vámonos, volvamos a casa.

Ricardo le dio unas suaves palmadas en el dorso de la mano, indicándole que esperara.

Luego miró a la señorita Alma
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