—Está bien, así también sirve.
Asentí de inmediato; por fin me sentí un poco más tranquila.
Por ahora, solo quedaba hacerlo así.
Primero había que resolver por completo lo de Sofía y el señor Pedro, para evitar más imprevistos.
A la hora de la cena, la señorita Alma no bajó. Mandó decir que compartir mesa con un bruto desaliñado le quitaba el apetito.
Miré divertida a "Darío", que estaba a mi lado devorando un muslo de pollo, con las manos llenas de grasa.
No podía culparla; alguien tan refinado