Era la primera vez que iba al muelle de noche.
Siempre le había tenido cierto miedo al agua; incluso de día, mirar el mar me provocaba una opresión en el pecho.
Ahora, en plena noche, escuchando el sonido de las olas, esa sensación se volvía aún más pesada, y una inquietud sin motivo empezaba a crecer en mi interior.
En el muelle había varias grúas y barcos.
A simple vista, parecían bestias gigantes en la oscuridad.
Algunas luces de búsqueda, ya viejas, colgaban de las estructuras metálicas, pro