Al principio, como tenía presente su herida, seguía cada uno de sus movimientos y trataba de acomodarme a él.
Pero, al poco rato, terminé llorando y suplicándole otra vez, incapaz de resistir.
De verdad, este hombre… en la cama nunca tenía un momento de seriedad.
Durante el día siempre se veía tan impecable y contenido, y aun así, al llegar a la cama, parecía convertirse en una auténtica bestia.
—No… no más…
No sabía cuánto tiempo había pasado. Sin fuerzas, le golpeé el pecho débilmente, con la