El silencio volvió a apoderarse del despacho. Solo se escuchaba la respiración pesada de Pedro.
Tenía la mirada baja, estaba aferrado al borde del escritorio con las manos tensas, claramente luchando consigo mismo.
Tras un largo rato, levantó la cabeza lentamente. En sus ojos se mezclaban el cansancio y la dureza, como resultado de una batalla interna.
—Sé perfectamente de lo que es capaz el señor Felipe. Durante años ha colocado gente dentro de la villa. No es que no lo haya notado… simplemente