El señor Felipe golpeó con fuerza el suelo con su bastón y miró a “Darío” con evidente fastidio.
—Desde ahora no vuelvas a abrir la boca.
—Pero, señor, eso no puede ser, yo…
—¿Hmm?
“Darío” todavía intentaba decir algo, pero el señor Felipe le lanzó una mirada llena de autoridad.
Al instante, “Darío” cerró la boca con fuerza y no se atrevió a decir una palabra más.
Los tres guardaespaldas en la escalera seguían de pie, aturdidos, esperando las órdenes del señor Felipe.
Él, por su parte, parecía e