Mateo continuó:
—Además, él también debe haber percibido que el señor Felipe ya empezó a sospechar de él. Así que, haga todo esto o no por la señorita Alma, hay una cosa segura: jamás va a ayudar al señor Felipe a enfrentarnos —mientras hablaba, acercó el vaso de agua tibia a mis labios. Sus dedos rozaron con cuidado mi boca reseca, y él seguía sereno, pero con una certeza que no admitía dudas—. Hace un momento dejó claro que este lugar es por completo seguro, y que no puede haber dispositivos d