—Mateo, ¿el señor Pedro ya había adivinado desde el principio lo que el señor Felipe tramaba, y por eso estaba seguro de que no iba a poner nada en el vino? Si lo pienso así… el señor Felipe de verdad es un desgraciado. Menos mal que nosotros no hicimos nada, y que no cambiamos el vino por adelantado; porque si el señor Pedro se lo tomaba y luego fingía "caer" y se ponía a acercarse demasiado a la señora García, entonces sí que nos habríamos pegado un tiro en el pie.
Mateo asintió, y él todavía