Mateo se rio un poco y preguntó:
—¿Lo que quiero hacer? ¿Qué es lo que quiero hacer?
"Ah… este hombre sí que sabe hacerse el tonto", pensé.
—Dilo, Aurora —insistió.
Cuando vi eso, me conmoví; dijo, con una sonrisa pícara, mientras me miraba fijamente con insistencia. Después alzó la mano y me acarició el cabello despacio con los dedos, con muchísima ternura. Sin decir nada, me puse de puntillas, le rodeé el cuello con los brazos y lo besé.
Mateo se tensó de forma evidente. Al segundo siguiente,