—Vaya, esta mujer sí que es toda una fiera, hasta a ti se atrevió a morderte.
"Darío" se cubrió de inmediato el cuello, me lanzó una mirada feroz y le dijo con rabia al señor Felipe:
—¡Esa perra necesita disciplina! Espere y verá, esta noche no voy a dejar de darle su merecido.
—Tú solo hablas mucho —respondió el señor Felipe, sonriendo—. Dices que vas a arreglarla, que vas a matarla, pero aun así la trajiste personalmente a comprar ropa.
Sentí que mi corazón se estremecía. Ese pervertido del se