Capítulo 1955
Javier, todavía más pálido, tambaleó, como si fuera a caerse.

Apoyada en los brazos de "Darío", le dije, inexpresiva:

—Vete. Aquí vivo bien, no necesito que me salven. Si algún día ves a Mateo, dile que no venga a molestar mi vida. Me costó mucho aferrarme a Darío para poder seguir viva, así que, de verdad, no vuelvan a meterse.

Javier me miró, lleno de dolor:

—¿Me culpas a mí… y también a él? ¿Porque no llegamos a tiempo para salvarte, terminaste así… verdad?

—Sí —le contesté con indiferencia—.
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