No le hice caso y solo seguí besando a Mateo.
Hacía tiempo que quería besarlo de verdad.
Aprovechando esta oportunidad, lo besé abiertamente para que entendiera que al que de verdad había amado era solo a él.
Pude sentir claramente cómo el cuerpo de Mateo se tensó.
Al instante, me siguió el juego y me apartó, me agarró la barbilla y se rio:
—Maldita zorra, qué calentona eres… me encendiste todo de una vez. Esta noche verás cómo te doy lo que te gusta, je.
La verdad, desde que confirmé que era Ma