Esa sensación lo dejó sumido en una tristeza intensa, una impotencia asfixiante y un miedo imposible de ignorar.
Alan lo miró, serio, y le dijo a Mateo:
—A Aurora hay que encontrarla, cueste lo que cueste, y hay que rescatarla. Pero quiero que recuerdes siempre que aún tienes dos hijos. Son los hijos que tú y Aurora más aman; son los hijos que ella salvó con su propia vida. Así que, Mateo, tú... debes cuidar tu seguridad.
No lo dijo de forma directa; solo esperaba que, sin importar cuál fuera el