Pero, qué raro, ni siquiera me dio miedo ver a Mateo con esos ojos.Me limpié la boca y le solté una sonrisita boba:
—Vaya, de por Dios, no fue con intención... además... ya te había dicho que quería bajarme.
—¡Aurora, maldita!
Gritó con tanta rabia que todo se me volvió negro y me desmayé.
Cuando abrí los ojos, me di cuenta de que estaba en el baño.
Escuchaba el agua correr y sentía el cuerpo calentito.
Unos dedos ásperos recorrían mi piel y el olor a jabón flotaba en el aire.
Estaba tan a gusto