Por fin arrojaron a Bruno al mar, y con eso la tortura terminó.
Apenas su cuerpo cayó, la superficie del agua se tiñó de rojo oscuro.
Me quedé paralizada, con un peso en el pecho.
"Así… no creo que sobreviva"
Mi teléfono seguía conectado al dispositivo de escucha que Bruno llevaba encima.
Ese dispositivo era a prueba de agua y tenía función de localización.
Activé la ubicación y ordené a los guardaespaldas que siguieran la señal y fueran a buscarlo.
Vivo o muerto… primero había que sacarlo del a