Antes de que Javier o Camila pudieran hablar, Carlos se adelantó y dijo rápido:
—Lo que pasa es que acabábamos de llegar y Javier quiso tocar a tu puerta. Pero no respondías. Javier temía que te hubiera pasado algo, así que me pidió que trajera las llaves para abrir. Justo cuando venía con ellas, abriste la puerta.
Bajé la mirada y vi que, en efecto, llevaba un llavero en la mano.
Javier me lanzó una mirada intensa.
—¿Estás bien? Toqué varias veces y no me contestabas.
Camila añadió enseguida:
—