Javier llegó temprano y tocó mi puerta.
Yo ya me había bañado y cambiado.
Cuando abrí la puerta, Javier pareció sorprenderse mucho.
—¿Ya te levantaste?
—Sí —le respondí, con una sonrisa.
—Hoy tengo que ir al registro civil para terminar los trámites de divorcio con Mateo, ¿verdad?
En los ojos de Javier, apareció algo, como una estrella fugaz de alegría.
—Pensé que lo habías olvidado.
—¿Cómo crees? Si elegí estar contigo, lo mínimo que tengo que hacer es cortar todo con él.
Javier me miró fijamen