—Aurora, ¿de verdad te gusta tanto mi cuerpo?
Sus dedos rozaron mi labio inferior, el gesto era ambiguo y su voz llevaba un dejo de emoción contenida. Bajo su mirada me sentí débil, mi respiración se volvió irregular y, al humedecer mis labios, sin querer rocé sus dedos. Ese leve contacto recorrió mi cuerpo, haciéndome estremecer.
La mirada de Mateo se volvió más profunda, inclinándose aún más cerca- La distancia entre nosotros era tan mínima que podía sentir su respiración. Su presencia me envo