Él habló. Su voz era ronca, áspera… Cargada de un dolor profundo.
—¿Y todavía tienes cara para preguntar? —rugió Alan, lleno de rabia.
Pero Valerie miró a Carlos con calma. Cuando habló, su voz no tenía ninguna emoción:
—Si estoy bien o mal… Ya no tiene nada que ver contigo.
Al escuchar eso, Alan se quedó inmóvil. La miró, atónito.
En ese instante, se dio cuenta de lo estúpido que había sido. ¿Por qué siempre dudó de ella? ¿Por qué pensó que la persona a la que realmente amaba era Carlos?
Si aqu