CAPÍTULO 26: LA PAZ INTERIOR, TIENE PRECIO.
POV: Nahya
Nueva York era un torbellino constante, y yo me perdía en él con gusto. Cada calle, cada sonido, cada esquina me recordaba que estaba viva. No había tiempo para el pánico; no había espacio para quedarme estancada, solo había movimiento, pasos que dar, personas que conocer.
Mis días empezaban temprano, me levantaba con la luz del sol entrando por la ventana, desayunaba rápido y caminaba hacia la universidad. Las calles estaban llenas de gente apresurada, taxis que pitaban, vendedores ambulantes que ofrecían café y pretzel. Todo me parecía caótico, pero el caos tenía su ritmo y yo aprendía a moverme dentro de él.
En la universidad conocí a algunos compañeros de clase, la mayoría eran amables y curiosos, con preguntas sobre los textos, debates sobre literatura y risas compartidas entre lecturas. No eran amigos íntimos todavía, pero la sensación de pertenencia me reconfortaba. Por primera vez en semanas, sentí que podía ser una estudiante normal, sin máscaras ni juicios, simple