Digo casi gritando de modo severo, no puedo creer su sionismo de presentarse en mi casa.
—Parece que esperas visitas, pero no voy a tardar mucho.
—Largo de mi casa, no tienes nada que hacer aquí.
Maldigo la hora en la que se me ocurrió darle copia de mis llaves, como pude confiar tan ciegamente.
—Solo vine a reírme en tu patética cara.
—Creo que estás muy confundida Leila, si la que se queda con la peor parte eres tú.
Su rostro cambia de uno soberbio a uno por completo a disgusto, creo que no l