—No puedo creer lo que me estás diciendo, no puedo creer que te parezcas a mi —agrego María viéndola a los ojos acercándose para saber si era real o era su imaginación.
—Pues soy real, y termine de meter todos tus zapatos en una bolsa, las distribuí en las demás maletas, estas lista para salir de aquí, te enseñare algunas cosas, para que puedas defenderte de cualquier hombre —añadió Danica.
—De hombres no quiero saber en mi vida —dijo María.
—Lo sé, ¿Qué tal sigues del brazo fracturado? —Pre