capítulo 33. Solo quédate
POV Knox
El viaje de regreso a la mansión fue un vacío de sonido y significado. La revelación de los gemelos no había liberado la tensión, sino que la había transformado en una carga tan inmensa que era casi sagrada. Lira permaneció en silencio a mi lado, sus manos descansando sobre su vientre, ahora ya no con recelo, sino con una profunda solemnidad. Yo conduje lentamente, cada curva, cada semáforo, era un recordatorio de que ahora llevaba tres vidas en mis manos. Dos hijos. Un niño. Una niña.
Al llegar, la llevé directamente a la suite. No a mi despacho, ni a la sala de estar; la llevé a la seguridad de la habitación donde habíamos compartido la guerra y la rendición. No era un acto de deseo; era de contención.
Le ofrecí agua. Lira se sentó en el sofá de terciopelo, la luz de la mañana iluminaba su rostro, donde aún quedaba un rastro de las lágrimas de la clínica.
Me senté frente a ella, abandonando la postura rígida de las reuniones. Me incliné hacia adelante, mis codos des