Thiago solo piensa en que acaba de ser un insensato, ahora solo quiere llegar y por lo menos observar el rostro tan malhumorado de Renata. Las calles terminan por ser las más eternas hasta que luego de unas cuantas horas llega; lo primero que mira cuando entra es a su esposa de espalda, con un vestido de satín que le deja ver la mitad del trasero.
—Hola —dice Thiago, Renata emite un brinco y se queda mirándolo a los ojos.
—No esperaba que llegaras tan temprano, total en ningún momento estoy s