Los jóvenes dormían a gusto enterrados bajo el cobijo de la arena. La sensación cálida, la suavidad de la misma y la leve presión que se ejercía sobre cada parte de sus cuerpos, otorgaban un placer único y gratificante seguridad.
Pero no todo era color rosa. El ambiente se iba haciendo más frío con el pasar de los minutos y sus congeladas narices ya lo demostraban. Kayla y Tarek empezaban a moquear pero sin perder el buen descanso que habían conseguido.
De pronto, a las 2 horas después de ha