—¡Tarek ayúdame! ¡No quiero ir con ella! ¡No dejes que me lleve!—gritaba la pequeña con desesperación—¡Tarek!—.
Sintiéndose inmovilizado sobre el suelo, boca abajo y con la respiración entrecortada, un terco Tarek intentaba acercarse a la triunfante mujer, arrastrándose como podía muy lento sobre la arena, movido únicamente por la desgarradora súplica de Novah.
—¡Tarek!—.
—¡Novah!—exclamaba Tarek con los dientes apretados, ahogado por la falta de aire.
De pronto, saliendo por la puerta d