Capítulo 38.

Saber que yo le gustaba tanto como él me gustaba a mí era muy estimulante. No estaba acostumbrada a recibir halagos por mi apariencia, así que saber que yo le gustaba a Iván, y que gracias a eso él también se sentía caliente, me quitaba un poco de la timidez que sentía al tener sexo con él.

Los labios de Iván bajaron por mi barbilla, dando besos sobre mi cuello que parecían fuego sobre mi piel, la cual se erizaba cada vez que él me daba su cariño. Mis ojos volvieron a cerrarse, mientras que mis
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