Epílogo.
Cuando la media noche llega en San Francisco, yo suspiro aliviada, entrando en el coche que me ha enviado mi marido, despidiéndome de mi hermana con una sonrisa mirándola a través de una de las ventanas, agitando mi mano hasta que el coche se aleja de Pacific Heights en dirección a Nob Hill.
Hoy es una noche especial, pues hemos llegado de nuestras vacaciones directo para el inicio de la escuela de nuestros hijos.
Muchas cosas han pasado en estos años, yo me volví una fotógrafa famosa, conocida