Capítulo 25.

Él parece complacido con mi respuesta, así que sacando sus dedos de mi interior de forma abrupta, toma una de mis piernas y la sube sobre su escritorio, dejando mis caderas más levantadas y mi entrepierna a su disposición.

Con las mejillas completamente sonrojadas por lo que acabo de hacer, solo puedo bajar la mirada, sosteniéndome con mis manos en el escritorio, ya que no tenía el valor de levantar la mirada para enfrentar a Iván después de las cosas tan tontamente vergonzosas que había dicho.
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