La detective Angela Rodriguez se recostó en su silla, con el brillo de la pantalla del ordenador proyectando sombras duras sobre sus rasgos afilados. Cuarenta años y todavía persiguiendo fantasmas en la noche, con su cabello oscuro recogido con fuerza y los ojos enrojecidos por demasiadas noches sin dormir. La comisaría estaba en silencio a esa hora, la mayoría del turno nocturno persiguiendo pistas que no llevaban a ninguna parte. Pero ella tenía algo mejor. Algo que había estado cociéndose du