—Me conoces, parecía una esfera de espejo para pistas de baile de esas que se ponían en las minitecas. No habría poder humano que me pusiera eso, brillaba por todos lados.
César volvió a reír ante mi comentario, nos trajeron la cena, mi plato venía con puré de papas y ensalada, partí la carne y estaba roja. «¿Qué querías?, así la pediste», se revolvió mi estómago, lo puse a un lado, comencé a comer el puré con la ensalada, pero las croquetas apanadas de César me hacían agua la boca, ¿este embar