Herman usó su pie para cerrar la puerta del dormitorio, empujando a Isabella suavemente contra la pared.
El cuerpo ardiente del hombre y su proximidad la mantuvieron totalmente inmovilizada, sin oportunidad alguna de resistirse, mientras él apagaba la luz con la mano apoyada en la pared.
La habitación se sumió en la oscuridad, privándola repentinamente de la vista, agudizando por completo todos sus sentidos.
Escuchó la respiración pesada de Herman, así como los fuertes latidos muy acelerados de