Capítulo 186
Nicolás, con gran curiosidad, apretó el brazo de Herman con su manita, reflexionando en completo silencio que esta vez Gabriela no estaba equivocada; el hombre tenía unos brazos realmente fuertes.

Al llegar a casa con Herman, Nicolás examinó el lugar y quedó bastante satisfecho.

—Señor, — Luis acababa de colocar los artículos diarios para niños cuando vio a Herman llevando a Nicolás en brazos para cambiarle los zapatos en la entrada, y saludó con una amplia sonrisa: —Gabriela, buenas noches.

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